El Río Han siempre le había parecido un lugar extraño para las tragedias. Demasiado abierto. Demasiado visible. La gente iba allí buscando silencio, cierre o dramatismo barato, como si arrojar cosas al agua realmente cambiaría algo. Seth nunca había entendido del todo esa necesidad humana de convertir el dolor en símbolos. El dolor seguía existiendo igual después del espectáculo. El dolor seguía existiendo igual después del espectáculo; el agua seguía corriendo, la ciudad seguía iluminándose y las personas seguían despertando al día siguiente como si nada hubiese pasado.

Aun así, cuando distinguió una figura apoyada contra la baranda, entendió inmediatamente por qué alguien terminaría viniendo ahí. La reconoció antes de verle el rostro. Por la postura. Por esa manera elegante de sostener el cansancio como si todavía estuviera rodeada de cámaras y personas observándola. Incluso destruida seguía pareciendo alguien inaccesible. Esa era una de las cosas que más le molestaba de ella. Y también una de las razones por las que nunca había logrado apartarse realmente.

Seth permaneció unos segundos observándola desde lejos, con las manos dentro de los bolsillos de aquel jacket que tenía sus iniciales al final de la manga izquierda, un constante recuerdo de quién era, o a quién pertenecía. Mientras el viento frío de la madrugada golpeaba suavemente contra su rostro. Había salido de una reunión privada en Yongsan apenas una hora antes; políticos, inversionistas, contratos energéticos, patéticos hombres sonriendo mientras hablaban de sostenibilidad como si no estuvieran construyendo monopolios disfrazados de progreso. Como si como si no estuvieran negociando quién tendría derecho a seguir existiendo cómodamente dentro de él. Esas reuniones eran difíciles porque siempre terminaban en un caos cuando uno de aquellos circenses sacaban ese polvo blanco que les daba más seguridad de continuar debatiendo cómo la humanidad consumirá sus básicos. Él por su parte seguía oliendo ligeramente a scotch caro y humo.

Normalmente habría seguido caminando. Pero Nyree siempre había sido un problema difícil de ignorar.No porque deseaba salvar personas o particularmente en acompañar desgracias ajenas.Simplemente había ciertas personas que uno aprendía a registrar incluso cuando intentaba ignorarlas. La vio levantar lentamente la mano. El diamante brilló apenas bajo las luces del puente antes de desaparecer dentro del río oscuro. Seth siguió el movimiento con la mirada hasta que el agua volvió a quedarse completamente negra.

Ni siquiera pestañeó.

— Bastante teatral incluso para ti. —

Nyree giró apenas el rostro al escuchar su voz. Tardó un segundo en reconocerlo realmente, como si estuviera demasiado cansada o demasiado borracha para decidir si él era real. Había algo desordenado en ella esa noche. No físicamente; Nyree jamás se permitía verse realmente descuidada. Era otra cosa. Algo detrás de los ojos.

Seth la conocía demasiado bien como para no notarlo.

Ella soltó una pequeña risa nasal antes de volver la vista al río. — Pensé que odiabas el drama. — Añadió.

Se acercó finalmente hasta quedar a su lado. La distancia justa. Ni demasiado cerca ni demasiado lejos. Lo suficiente para notar el olor a alcohol sobre ella y el temblor casi imperceptible en sus dedos alrededor de la botella. Seth apoyó ambos antebrazos sobre la baranda metálica mientras observaba la ciudad reflejada en el agua. — Entonces sí era verdad. Joon Hyuk volvió arrastrándose con Min Kyung. — Preguntó.

— No creas que existe algo como la persona correcta, solo las convenientes. — Dijo mientras miraba ambos rostros apenas reflejándose en el agua. Ella lo miró de reojo. Y ahí estaba otra vez esa sensación incómoda que siempre aparecía cuando estaban juntos: la impresión de que ambos estaban manteniendo conversaciones completamente distintas debajo de las palabras reales.

Nyree seguía siendo hermosa. Ridículamente hermosa. Pero no de la manera limpia o elegante que aparecía en las revistas. Había algo roto en ella que hacía difícil apartar la mirada. Algo que parecía empeorar con los años en vez de desaparecer. Seth, entendía demasiado bien ese tipo de deterioro. Durante unos segundos permanecieron en silencio escuchando únicamente el ruido distante de los autos atravesando el puente. No era un silencio incómodo. Nunca lo había sido entre ellos. Gran parte de su relación siempre había existido ahí, en lo que evitaban decir directamente.

Seth sintió la tensión subirle lentamente por el cuello al pensar en Novallie. Todavía odiaba pensar en ese nombre. No porque doliera. Sino porque era una historia que compartía también con la perriubia. Odiaba que ambos tenían aquella muerte en común para sentirse menos culpables o menos monstruosos que el otro. Él iba a continuar hablando. Alguna crueldad automática. Algo sencillo, pero entonces la vio bien.

La sangre seca cerca de su boca. El pequeño corte oculto bajo el maquillaje. Los moretones apenas visibles debajo del cuello de aquel camisón de satín color pétalo que jugaba perfectamente con los matices pálidos de la menor. Y de inmediato todo lo demás dejó de importarle. Su expresión cambió apenas. Algo mínimo. Pero Nyree lo notó. Siempre notaba esas cosas. Ella giró la cara automáticamente, demasiado tarde. — ¿Quién fue? — Preguntó.

— No trates de evadir la pregunta —.

Nyree soltó aire lentamente, cansada. Él ya conocía ese lenguaje corporal.

La rubia se mantuvo en silencio por unos segundos. Después de tantos años seguía teniendo el mismo problema: Nyree jamás entendía cuándo algo ya había llamado demasiado la atención. La observó unos segundos más. Analizando. Conectando piezas. La tensión en sus hombros. La paranoia en la mirada. El estado físico. El miedo apenas escondido debajo del sarcasmo. Y entonces entendió. El pensamiento le produjo una sensación desagradable en el estómago. — Paul.— Dijo en voz baja. Nyree no respondió inmediatamente.

El viento movió parte de su cabello mientras observaba el agua oscura del río. — Pensé que estaba muerto — dijo Seth finalmente.

Esta vez ella sí sonrió. Pero fue una sonrisa vacía mientras miraba el agua combinarse con aquellas luces rojas de helipuerto de las torres más cercanas.

Y ahí estaba el verdadero problema.

No el anillo. No Joon Hyuk. No el escándalo social. Octagon.

Seth permaneció inmóvil mirando el río mientras sentía esa familiar sensación fría instalándose lentamente debajo de la piel. La misma que aparecía cada vez que entendía que algo estaba a punto de salirse de control. Porque si Octagon había vuelto a moverse, entonces el pasado no había terminado de enterrarse, ni para la rubia y mucho menos para él, quien se estaba moviendo en aquel ecosistema desde hace mucho tiempo. Y Nyree… Nyree siempre terminaba siendo el centro de las cosas que destruían personas.

until we meet again...
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